Los almorávides fundan en el 1070 la primera parte de este complejo como seña imperial de la ciudad de Marrakech. A principios del siglo XII, Ali Ibn Yusuf instala allí un sistema de canalización de agua, pavimenta las calles y construye esta grandiosa mezquita. En 1127, se rodea la capital con una muralla de nueve km.
Durante el reino de los Almohades, la amurallada Marrakech con su próspera y poderosa Alcazaba, se convierte en la ciudad más importante del Occidente musulmán.
Dentro de la Alcazaba pueden observarse dos puertas principales: Bab Agnaou (Puertas del carnero sin cuernos), Bab Robb, así como las grandes fuentes del jardín Agdal.