|
Una vez ya enamorado de la cuidad, atrévase y adentrese en otros entornos mágicos. Puede continuar hacia el suroeste y llegar al moderno complejo de Agadir o volverse hacia las ciudades imperiales del norte para terminar de enamorarse del país: Casablanca, Rabat, Meknes, Fez… Sin embargo, si lo que le gusta son las emociones fuertes, aventúrese a entrar en las montañas salvajes del Rif o en el Atlas, la cordillera reina de Marruecos. Está a dos horas de Marrakech y en ella puede encontrar la naturaleza más vigorosa y los paisajes más impresionantes.
Un clima mucho más frío y lluvioso que en el resto del país puede llegar a sorprenderle, así que será prudente consultar en previo a algún guía local para que le informe sobre los numerosos refugios bereberes que se extienden por la zona.
Si el tiempo de su estancia lo permite y se encuentra preparado, aún más exótico resultará sumérgirse en los oasis del sur y el Sahara profundo. Con un poco de espíritu aventurero, recorrer kilómetros de arena a lomos de un camello,es una expeciencia digna de experimentar la cual no deben perderse. |